lunes, 14 de febrero de 2011

La ventaja comparativa en nuestras vidas


La ventaja comparativa la vemos en acción en nuestras vidas todos los días. Utilizamos el ejemplo de un abogado y un jardinero. Si el primero es mejor abogado y el segundo mejor jardinero, cada uno se especializa en lo que hace mejor y comercian entre ellos y los dos ganan, la clásica división del trabajo elaborada por Adam Smith.
La teoría de la ventaja comparativa va un paso más. Si suponemos que el abogado no sólo es mejor abogado pero también es mejor jardinero que el que ejerce como jardinero, sin embargo contrata al jardinero para cuidar a su jardín. La razón por contratar a un jardinero menos bueno es que la ventaja comparativa del abogado es el de ser abogado.
Cada hora que trabaja como abogado le renta más que lo que le cuesta contratar al jardinero durante esa hora y, aunque este no sea tan bueno en el jardín, es más rentable para el abogado su contratación que hacer de jardinero el mismo. Es decir, incluso cuando el abogado es mejor que el jardinero en los dos, en el derecho y en el jardín, le conviene al abogado contratar al jardinero y concentrarse en su trabajo como abogado donde su ventaja comparativa le renta mucho más. Por otra parte, aunque el jardinero no es tan bueno como el abogado en el jardín, sigue teniendo trabajo porque el abogado se concentra en su trabajo como abogado, la ventaja comparativa en acción en nuestra vida diaria.
Vemos el mismo efecto con los padres y sus hijos. Puede que los padres sean mejores en la cría de sus hijos pero, sin embargo, contratan a una cuidadora para permitirles ir al trabajo. Gran parte de esta decisión se basa en el hecho de que rinden más trabajando como para cubrir los gastos de la cuidadora de sus hijos, aunque sean mejores en los dos, en el trabajo y en criar a sus hijos. Esto es la ventaja comparativa en acción en nuestra vida diaria, aunque seas mejor en las dos cosas, te concentras en la que mejor te rinde.

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